Haz clic aquí para volver a la página de inicio
castillocabecera


LA LEYENDA DEL CABEZO D'OR


Cuevas del Canelobre

Interior de las Cuevas del Canelobre

Un viajero anónimo, a su paso por la villa de Busot en el año 1.863, visita las Cuevas del Canelobre, a las que denomina "Caverna de los Canelones" y es allí, donde sus guías, lugareños de Busot, le relatan la leyenda que, a continuación, reproducimos.



"Aquel día pasábamos de largo por Busot, lugar distante una legua de Jijona, cuando detuvimos nuestros caballos al saber teníamos cerca una de las mas raras curiosidades de España, y de la que hasta entonces nunca habíamos oído hablar, y es la Caverna de los Canelones (…) situada en el elevado monte denominado Cabesó del Oro ó Cerro del Hombre, y debajo de una enorme peña (…) (Descripción de la Cueva)".

Mucho nos agradó la Caverna de los Canelones, y el buen Mauricio, entusiasta como siempre, aseguró era lo mas bello que había visto en todo nuestro viage. Sentámonos á descansar sobre uno de los muchos peñascos que interceptan el paso y que hacen fatigosa y arriesgada la inspeccion de esta gruta, y preguntamos á nuestros guias, dos esbeltos y ligeros jóvenes de Busot, si no sabian algo de su historia, que no podia menos de ser interesante. Desde luego nos respondieron afirmativamente, pero rehusaron referírnosla allí, manifestando cierto sentimiento de terror que hubimos de respetar. Una vez fuera de aquel admirable recinto, habló uno de ellos poco más o menos en estos términos:

Había un rico y grande señor árabe en Denia, llamado Cabeza de Oro, que tenía muchos barcos, siempre navegando en busca de niñas bonitas para su haren; pero inconstante hasta dejárselo de sobra, se cansaba de ellas al instante y las vendía de nuevo ó regalaba á sus amigos. Cierto dia uno de sus bageles apresó otro donde iba una hermosísima dama cristiana que viajaba para reunirse con su esposo, que era un noble aragonés que se hallaba en Italia, y se enamoró perdidamente de ella. Aunque agotó cuantos medios le sugirió su mal deseo, nada pudo conseguir de la honesta matrona , y ardiendo su ira, y con ayuda del diablo, que era su grande amigo, cavó esta gruta donde la encerró y dejó encantada, colocando un gran peñasco á su entrada que sólo él podía mover por no se qué talismán. Todos los dias venía Cabeza de Oro a visitar a su víctima, pero siempre encontraba en ella la misma resistencia, y lloraba tanto á su perdido consorte, que de sus lágrimas se formaron al cabo de diez años los estanques o balsas de que hemos hablado antes. En tanto su esposo, que la amaba en estremo, habia recorrido buscandola la mayor parte de la tierra, y guiado por la Virgen Nuestra Señora, de quien era muy devoto, llegó á esta gruta á tiempo que Cabeza de Oro se hallaba en ella. Sin considera lo que hacia dio con su espada en la gran roca que cerraba la entrada, y como aquella tenia la figura de la cruz, deshizo el encanto rompiendo la peña en dos pedazos, uno de los que cogió debajo al maldecido moro, cuyo nombre se dio al monte. Los dos fieles esposos ya reunidos se dirigieron á su pais, hicieron vida santa y fueron al cielo."



(Recuerdos de un viage por España / Anónimo / 1.863)




Jesús García Mulet.